Choose the correct answer to best complete the sentence.

Si mi madre me trae sus galletas famosas, las inmediatamente.

a. voy a comer
b. comía
c. comiera
d. comería


a. voy a comer

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¿Qué hago?   Raúl is talking to his friend José about work.  Fill in the blanks with por or para.? Quiero cambiar esta impresora _____________________ una nueva.?

Fill in the blank(s) with the appropriate word(s).

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III. ¡Explora y exprésate!Lee cada oración y decide si es verdadera o falsa.   La selva amazónica pasa por Perú, pero no Ecuador.

A. verdadera B. falsa

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What does the narrator’s mother carry with her to help her with the English language?

a) a pocket workbook of the Korean language b) an iPod c) a pocket workbook of the English language d) a dictionary

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¿Qué pensaba la narradora cada vez que pasaba las muñecas?

Lee el pasaje de la lectura Una Navidad como ninguna otra y contesta las preguntas que siguen. Apenas habríamos dormido unas horas cuando sobrevino el terremoto1. Eran las 12:28 de la mañana del 23 de diciembre de 1972. [. . .] . El centro comercial estaba desierto. Las vidrieras 2 de todas las tiendas se habían fracturado y caído al piso, dejando los almacenes abiertos. Junto al almacén de mi papá un negocio de venta de colchones3 tenía una promoción en que regalaba muñecas4 lindas y enormes por la compra de un set matrimonial. Las muñecas eran casi del tamaño5 de mi hija Maryam. Estaban solas allí, tiradas sobre los colchones. Las muñecas solas y mi hija sin juguetes. Miré a todos lados pensando en lo fácil que sería. Acompañé a mi papá a su tienda. Todo estaba en el suelo, pero era recuperable. Empezamos a meter la mercadería en cajas y bolsas y transportarlas al camión. Las muñecas me veían desde las camas. Cada vez que pasaba yo las miraba. [. . .] Por fin llegó el turno de la última caja. Seguí a mi papá al camión. El chofer metió la llave en la ignición y encendió el motor. El ruido me hizo reaccionar. —Ya regreso —grité, corriendo hacia la tienda con las muñecas—. Ya regreso. Tenía que hacerlo. Cualquier madre lo haría. Tomé la muñeca, me la puse bajo el brazo y regresé al camión. [. . .] Apenas habríamos dormido unas horas cuando sobrevino el terremoto1. Eran las 12:28 de la mañana del 23 de diciembre de 1972. [. . .] . El centro comercial estaba desierto. Las vidrieras 2 de todas las tiendas se habían fracturado y caído al piso, dejando los almacenes abiertos. Junto al almacén de mi papá un negocio de venta de colchones3 tenía una promoción en que regalaba muñecas4 lindas y enormes por la compra de un set matrimonial. Las muñecas eran casi del tamaño5 de mi hija Maryam. Estaban solas allí, tiradas sobre los colchones. Las muñecas solas y mi hija sin juguetes. Miré a todos lados pensando en lo fácil que sería. Acompañé a mi papá a su tienda. Todo estaba en el suelo, pero era recuperable. Empezamos a meter la mercadería en cajas y bolsas y transportarlas al camión. Las muñecas me veían desde las camas. Cada vez que pasaba yo las miraba. [. . .] Por fin llegó el turno de la última caja. Seguí a mi papá al camión. El chofer metió la llave en la ignición y encendió el motor. El ruido me hizo reaccionar. —Ya regreso —grité, corriendo hacia la tienda con las muñecas—. Ya regreso. Tenía que hacerlo. Cualquier madre lo haría. Tomé la muñeca, me la puse bajo el brazo y regresé al camión. [. . .] Varios días después, en la casa de mis suegros, en Granada, donde nos refugiamos, Maryam me miró mientras jugaba con la muñeca y me dijo, con esa mirada de concentración de los niños cuando han recapacitado6 —Mamá, qué alegre que no hubo terremoto donde vive Santa Claus.

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